CUERDAS

CUERDAS

Cada acción de nuestras vidas
toca alguna cuerda
que vibrará en la eternidad.
Edwin Hubbell Chapin

 

Por un momento llegué a imaginármelo. Cuando leí esta frase, llegué a imaginarme el mundo lleno de cuerdas, cuerdas que vibran, cuerdas que se mueven con nuestras acciones y decisiones. Cuerdas que no tienen fin, que se unen con las de las personas que nos cruzamos en el camino, con las que compartimos nuestras vidas o con las que simplemente hemos coincidido un momento, un momento en el cuál hemos tocado esa cuerda, la que vibrará siempre recordando lo que hicimos y las consecuencias que asumimos.

Quizás me pasé, quizás mi imaginación llegó demasiado lejos, pero que importa, para eso la tenemos, para dejarla volar. Pero sinceramente pienso que aunque sea metafóricamente, esto es así, cada decisión que tome vibrará para siempre, los hechos no los borra el aire ni el tiempo, lo hecho, hecho está y a consecuencia todo lo que venga después.

Hoy he recordado esta frase porque justo hace un mes que escribí el primer post de este blog, han sido sólo 30 días pero soy enormemente feliz por el simple hecho de que puedo decir bien alto y claro que mis miedos se han callado, los he guardado en el rincón oscuro de mi ser y no pienso sacarlos de ahí. Me he demostrado a mi misma que querer es poder, que aunque nos lo digan mil veces nosotros mismos somos los únicos capaces de grabarnoslo en las entrañas.

Confieso que mi mayor miedo antes de comenzar con este blog era el hecho de mostrar públicamente mis sentimientos. Soy una persona a la cuál le cuesta abrirse y esto es por decirlo sutilmente, “abrirse en canal“, es mostrarme desnuda totalmente, sin trampa ni cartón, dando todo lo que tengo dentro sin esperar nada a cambio, simplemente mi propia satisfacción. Y el miedo era que desapareciese justamente eso, la satisfacción que sentía al desahogarme escribiendo, creía que por saber que otras personas me leerían esto cambiaría y yo misma cambiaría mi manera de escribir. Pero nada ha sido así, soy la misma de siempre, con los mismos arrebatos de siempre y las mismas ganas de siempre. No, perdón, rectifico, ahora me siento un poco mejor, el saber que, aparte de a mí misma, mis palabras pueden ayudar a alguien, es más grande que el propio placer de escribir.

No puedo acabar sin darle las gracias a la culpable de este blog, a la que cada día me daba el empujoncito y me lo sigue dando, a la que siempre me apoya, a la que siempre tiene las palabras adecuadas, a esa que es capaz de iluminar hasta los días más oscuros, GRACIAS.

 

S.