VACÍO

VACÍO

Me escapé dejando atrás nostalgias y mentiras.
Salté a un vacío donde sigo estando en pie,
salté, dándome cuenta,
no más candados,
cuestión de piel.

La piel – Vanesa Martín

 

Ese vacío, ese al cuál me tiré, con temblor en las piernas y lágrimas en los ojos. Dónde no sabía que me iba a encontrar, no sabía cómo iba a caer ni la manera en la que iba a vivir. Lo que sí sabía era que no lo tendría más conmigo, no tendría más su compañía, ni sus abrazos y besos. Pensaba que me faltaría el aire para respirar, que sin él yo me reduciría a cenizas, que no sería capaz de mover los pies si no lo tenía a mi lado. Pensé que sin él, yo no era nada.

Mil candados me aferraban a él y parecían imposibles de abrir, hasta que un día, por un golpe, todos se abrieron. No por arte de magia sino por arte de amor, por el amor propio que me tenía y no era consciente de lo grande que era, por el amor que quería sentir, por el amor a las personas que me criaron y me inculcaron unos principios que estaba incumpliendo, por el amor a la vida que quería vivir y no estaba viviendo, por el amor a la libertad y sobretodo por el amor a vivir.

Sí, salté al vacío y todavía vivo en él, pero de pie y pisando muy fuerte. Vivo donde quiero vivir. Vivo con personas que me quieren y quiero. Vivo con personas fuertes, luchadoras y seguidoras de sus sueños. Vivo con gente positiva, con luz y energía propia. Vivo con personas que me cuidan y protegen. Y antetodo vivo con quien yo quiero vivir. Todas y cada una de ellas saben lo que significan para mí, algunas estuvieron en el momento del salto, a esas, les debo la vida y a las que vinieron después les doy las gracias por acompañarme día a día y ayudarme a ser un poco más feliz.

No os penséis que esto lo estoy escribiendo llorando a lágrima viva por recordar malos momentos, todo lo contrario, lo escribo tranquilamente desde el sofá con una taza de té en la mano dando gracias a la vida por haberme dado la fuerza aquel día para decir que no, que no quería más ataduras, que no iba a permitir lo que estaba ocurriendo, que no iba a vivir una vida que no me pertenecía. Fuerza para decir que soy libre y fuerte para continuar mi camino yo sola. Así que si estás leyendo esto y tienes que decidir si saltar o no, la respuesta es sí, salta, salta a ese vacío aún sin saber lo que habrá allí abajo, será tu propia decisión, será la vida que tu quieres vivir y vivirás de pie con la conciencia tranquila después de haber abierto los candados.

 

S.

Imagen: ese color del cuál lo vemos todo,
después del salto viene la luz.

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CUERDAS

CUERDAS

Cada acción de nuestras vidas
toca alguna cuerda
que vibrará en la eternidad.
Edwin Hubbell Chapin

 

Por un momento llegué a imaginármelo. Cuando leí esta frase, llegué a imaginarme el mundo lleno de cuerdas, cuerdas que vibran, cuerdas que se mueven con nuestras acciones y decisiones. Cuerdas que no tienen fin, que se unen con las de las personas que nos cruzamos en el camino, con las que compartimos nuestras vidas o con las que simplemente hemos coincidido un momento, un momento en el cuál hemos tocado esa cuerda, la que vibrará siempre recordando lo que hicimos y las consecuencias que asumimos.

Quizás me pasé, quizás mi imaginación llegó demasiado lejos, pero que importa, para eso la tenemos, para dejarla volar. Pero sinceramente pienso que aunque sea metafóricamente, esto es así, cada decisión que tome vibrará para siempre, los hechos no los borra el aire ni el tiempo, lo hecho, hecho está y a consecuencia todo lo que venga después.

Hoy he recordado esta frase porque justo hace un mes que escribí el primer post de este blog, han sido sólo 30 días pero soy enormemente feliz por el simple hecho de que puedo decir bien alto y claro que mis miedos se han callado, los he guardado en el rincón oscuro de mi ser y no pienso sacarlos de ahí. Me he demostrado a mi misma que querer es poder, que aunque nos lo digan mil veces nosotros mismos somos los únicos capaces de grabarnoslo en las entrañas.

Confieso que mi mayor miedo antes de comenzar con este blog era el hecho de mostrar públicamente mis sentimientos. Soy una persona a la cuál le cuesta abrirse y esto es por decirlo sutilmente, “abrirse en canal“, es mostrarme desnuda totalmente, sin trampa ni cartón, dando todo lo que tengo dentro sin esperar nada a cambio, simplemente mi propia satisfacción. Y el miedo era que desapareciese justamente eso, la satisfacción que sentía al desahogarme escribiendo, creía que por saber que otras personas me leerían esto cambiaría y yo misma cambiaría mi manera de escribir. Pero nada ha sido así, soy la misma de siempre, con los mismos arrebatos de siempre y las mismas ganas de siempre. No, perdón, rectifico, ahora me siento un poco mejor, el saber que, aparte de a mí misma, mis palabras pueden ayudar a alguien, es más grande que el propio placer de escribir.

No puedo acabar sin darle las gracias a la culpable de este blog, a la que cada día me daba el empujoncito y me lo sigue dando, a la que siempre me apoya, a la que siempre tiene las palabras adecuadas, a esa que es capaz de iluminar hasta los días más oscuros, GRACIAS.

 

S.