LUZ

LUZ

Bonita mañana, bonito lugar,
bonita la cama, qué bien se ve el mar.

Bonito es el día
y acaba de empezar.
Bonita la vida.

Bonito – Jarabe de Palo

Me despierto viendo amanecer, lo primero que ven mis ojos son aquel cielo ardiendo. Aquí hay colores que jamás antes había visto. Colores indescriptibles, incluso, creo que colores inalcanzables a nuestra vista, hay algo más detrás de esas nubes que no somos capaces de ver, solo sentir. Cierro los ojos y me dejo llevar, puedo sentirlo, siento la energía que me dan esos primeros rayos de sol, la luz que poco a poco se deja ver para darme la oportunidad de un nuevo día.

Y aquí es el momento que cojo aire, lleno mis pulmones, despacio, con tranquilidad, como si fuese mi última respiración, lo saboreo durante varios segundos y exhalo, exhalo el suspiro más largo y necesario de toda mi vida. Nunca antes había necesitado tanto respirar.

En ese momento doy gracias a la vida por ponerme en aquel balcón, en aquella ciudad, en aquella hora mágica. Y allí, en silencio, viendo como amanece, es la primera vez que siento que soy la única capaz de controlar mi felicidad, que la tengo en mi mano y debo luchar por sentirme igual de plena y feliz cada día de mi vida.

Desde ese día tengo un nuevo sueño en mi mente, quiero abrir los ojos cada día al amanecer, poder asomarme a la ventana y ver al sol salir de las entrañas del mar, tomarme todo el tiempo del mundo para desayunar y observar los colores mágicos que el sol es capaz de hacer. Sí, necesito esa luz para vivir, necesito sentir esa paz que solo allí conseguí.

S.

Imagen: colores y sentimientos
indescriptibles.

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EL VIAJE

EL VIAJE

Soy, las ganas de vivir,
las ganas de cruzar,
las ganas de conocer
lo que hay después del mar.
Dame la mano
y vamos a darle la vuelta al mundo.
La vuelta al mundo – Calle 13

 

Pedaleo a un ritmo constante. Aire frío entra por mi nuca, me subo la capucha, se acabó el frío. Canto con entusiasmo la canción que nos acompaña en los últimos días. Giro la cabeza y veo un pintoresco edificio. Cruzamos el puente, vuelvo a girar la vista y me detengo, tengo que retener esta imagen en mi retina más de un segundo. Volvemos a pedalear, no sé a dónde, sólo sé que estoy viviendo.

Después de tres meses todavía soy capaz de cerrar los ojos y recordar todo lo vivido subida en aquella bicicleta berlinesa y lo echo de menos, pero no me pongo triste, recuerdo y sonrío, sonrío por ver lo feliz que soy capaz de ser haciendo lo que quiero, por ver lo fácil que puede llegar a ser sin poner complicaciones absurdas.

Son tantas las emociones y sentimientos que sentí en aquel viaje que me cuesta describirlos. Esa sensación de salir de mi zona de confort, de estar en otro país, en otra ciudad que no es la mía, otro idioma que para nada me resulta familiar, esas calles desconocidas y aún sentirme bien, sentirme cómoda y realmente feliz. Es muy contradictorio pero así es y así lo siento.

Viajar. Que bonita palabra. Que bonita sensación. Que maravillosa experiencia. Sé que no soy la única con este sueño, con el sueño de poder dedicar toda mi vida a viajar, a recorrer el mundo, a conocer cada rincón, cada país, cada ciudad, cada cultura. Es el sueño de miles de personas, lo sé, pero yo ya me siento satisfecha por poder cumplirlo aunque sea a tiempo parcial.

En una semana me vuelvo a ir de viaje, no se si superará a este último, si será mejor o peor, si me volveré a sentir igual que en aquella ciudad, lo único que sé es que voy a disfrutarlo como si fuese el único y último viaje y así cada uno de los que vengan porque adoro viajar, me da la vida y me hace plenamente feliz y si algo tengo claro, es que hay que luchar por lo que nos hace felices, ese es el verdadero viaje.

S.

Imagen: la felicidad personificada
en un parque de Berlín.