LUZ

LUZ

Bonita mañana, bonito lugar,
bonita la cama, qué bien se ve el mar.

Bonito es el día
y acaba de empezar.
Bonita la vida.

Bonito – Jarabe de Palo

Me despierto viendo amanecer, lo primero que ven mis ojos son aquel cielo ardiendo. Aquí hay colores que jamás antes había visto. Colores indescriptibles, incluso, creo que colores inalcanzables a nuestra vista, hay algo más detrás de esas nubes que no somos capaces de ver, solo sentir. Cierro los ojos y me dejo llevar, puedo sentirlo, siento la energía que me dan esos primeros rayos de sol, la luz que poco a poco se deja ver para darme la oportunidad de un nuevo día.

Y aquí es el momento que cojo aire, lleno mis pulmones, despacio, con tranquilidad, como si fuese mi última respiración, lo saboreo durante varios segundos y exhalo, exhalo el suspiro más largo y necesario de toda mi vida. Nunca antes había necesitado tanto respirar.

En ese momento doy gracias a la vida por ponerme en aquel balcón, en aquella ciudad, en aquella hora mágica. Y allí, en silencio, viendo como amanece, es la primera vez que siento que soy la única capaz de controlar mi felicidad, que la tengo en mi mano y debo luchar por sentirme igual de plena y feliz cada día de mi vida.

Desde ese día tengo un nuevo sueño en mi mente, quiero abrir los ojos cada día al amanecer, poder asomarme a la ventana y ver al sol salir de las entrañas del mar, tomarme todo el tiempo del mundo para desayunar y observar los colores mágicos que el sol es capaz de hacer. Sí, necesito esa luz para vivir, necesito sentir esa paz que solo allí conseguí.

S.

Imagen: colores y sentimientos
indescriptibles.

VACÍO

VACÍO

Me escapé dejando atrás nostalgias y mentiras.
Salté a un vacío donde sigo estando en pie,
salté, dándome cuenta,
no más candados,
cuestión de piel.

La piel – Vanesa Martín

 

Ese vacío, ese al cuál me tiré, con temblor en las piernas y lágrimas en los ojos. Dónde no sabía que me iba a encontrar, no sabía cómo iba a caer ni la manera en la que iba a vivir. Lo que sí sabía era que no lo tendría más conmigo, no tendría más su compañía, ni sus abrazos y besos. Pensaba que me faltaría el aire para respirar, que sin él yo me reduciría a cenizas, que no sería capaz de mover los pies si no lo tenía a mi lado. Pensé que sin él, yo no era nada.

Mil candados me aferraban a él y parecían imposibles de abrir, hasta que un día, por un golpe, todos se abrieron. No por arte de magia sino por arte de amor, por el amor propio que me tenía y no era consciente de lo grande que era, por el amor que quería sentir, por el amor a las personas que me criaron y me inculcaron unos principios que estaba incumpliendo, por el amor a la vida que quería vivir y no estaba viviendo, por el amor a la libertad y sobretodo por el amor a vivir.

Sí, salté al vacío y todavía vivo en él, pero de pie y pisando muy fuerte. Vivo donde quiero vivir. Vivo con personas que me quieren y quiero. Vivo con personas fuertes, luchadoras y seguidoras de sus sueños. Vivo con gente positiva, con luz y energía propia. Vivo con personas que me cuidan y protegen. Y antetodo vivo con quien yo quiero vivir. Todas y cada una de ellas saben lo que significan para mí, algunas estuvieron en el momento del salto, a esas, les debo la vida y a las que vinieron después les doy las gracias por acompañarme día a día y ayudarme a ser un poco más feliz.

No os penséis que esto lo estoy escribiendo llorando a lágrima viva por recordar malos momentos, todo lo contrario, lo escribo tranquilamente desde el sofá con una taza de té en la mano dando gracias a la vida por haberme dado la fuerza aquel día para decir que no, que no quería más ataduras, que no iba a permitir lo que estaba ocurriendo, que no iba a vivir una vida que no me pertenecía. Fuerza para decir que soy libre y fuerte para continuar mi camino yo sola. Así que si estás leyendo esto y tienes que decidir si saltar o no, la respuesta es sí, salta, salta a ese vacío aún sin saber lo que habrá allí abajo, será tu propia decisión, será la vida que tu quieres vivir y vivirás de pie con la conciencia tranquila después de haber abierto los candados.

 

S.

Imagen: ese color del cuál lo vemos todo,
después del salto viene la luz.